De a poco fue poniéndose frío, como una piedra, ya no me daba el abrazo diario ni me decía cada cinco segundos que me quería, o que me amaba. Él era un amigo, amigo, amigo. De esos amigos que se encuentran una vez en la vida, era único. Me duele pensar que ya no lo tengo a mi lado, me duele, ya que le confiaba muchas cosas, cosas que nadie sabía, eso no lo puedo hacer con cualquiera.
No sé, quizás esa es la razón por la cual cada día me estoy volviendo más fría. Soy una maldita adolescente y me he decepcionado varias veces, más de las que se esperaría.
Detesto entregar mi confianza entera a una persona que no la va a apreciar. Intenté ser lo mejor, intenté ser un poco más cariñosa que con la otra gente (sí, me cuesta bastante demostrar mi cariño, ni siquiera lo hago ahora.) y nada dio resultado, fue desapareciendo de a poco de mi vista, y ahora no lo veo.
Me lastima el hecho de que me haya prometido que nunca se alejaría, se lo pedí más de una vez... "No te alejes de mi. Me da miedo quedarme sola por cómo soy..." Sí, hasta el día de hoy me da miedo quedarme sola. Si bien, me agrada estar a solas, no me agradaría la idea de no tener a nadie con quién compartir, no tener a nadie a quién escuchar y con quién reí.
He gastado muchas lágrimas por él, por mi amigo, y creo que aún no es un tema superado. (Obviamente no lo es, sino, no estaría escribiendo sobre él en este minuto.)
Mierda, chao.

No hay comentarios:
Publicar un comentario