miércoles, 4 de agosto de 2010

Mírame y ayúdame a descubrir que está mal conmigo. Miro mi figura en el espejo, pero no me dice demasiado. El rostro feliz que parezco tener, no se acerca demasiado a lo que soy. Por eso muchas veces digo que el espejo miente, realmente no muestra lo que hay adentro. Perfectamente podemos pasar el día con una gran sonrisa en el rostro, pero es que nadie se da cuenta de lo mucho que estás sufriendo, de lo mucho que necesitas a alguien que te escuche, a alguien que, a pesar de hablar incoherencias y cuestiones no muy buenas, te entienda. Que no crea que sea un capricho, que no crea que sea algo de un día. Lo admito, no estoy bien. Podría estar mejor, podría realmente sentirme feliz de los huesos. Despertar cada día con ánimo y ganas de todo, deseo eso, no sabes cuanto. Hace mucho tiempo me dieron un consejo (no lo encontré de lo mejor, pero lo tomé de todos modos). “Sonríe, a pesar de que estés muriendo por dentro, nunca dejes de sonreír. No dejes que los demás te vean débil”. Lamentablemente, ese consejo quedó dando vueltas en mi mente. No me gusta, es cierto. Pero quizás la mejor manera es no demostrar lo mal que lo estoy pasando. Me gustaría despertar y sentir que todas las preocupaciones y todas las lágrimas no se asomarán más. Me gustaría poder sentir una sonrisa amplia y verdadera, en mi rostro. Me gustaría por lo menos, entender que es lo que pasa conmigo, por qué estoy de esta manera. Me gustaría entenderme. Tantas cosas me gustarían… Pero esa palabra no sirve demasiado, no creo que llegue a algo diciendo: “Me gustaría….”.

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